…por Huber Cracogna
Las fechas que establecen tiempos en términos calendarios, nunca coinciden con el final o el comienzo de desafíos cuyos procesos históricos pueden si, marcan etapas bisagras en la historia de los pueblos. Los 40 años que la democracia celebra en este pasaje histórico de la argentina, tiene poco de celebración y mucha necesidad de replanteos, resignificación e incluso, enfrentar la temible pregunta de ¿a quienes les sirvió este proceso, cuanta deuda saldó y cuanto de esa gran demanda social fue satisfactoria y convenientemente satisfecha.
No quedan dudas de que las preguntas cuasi existenciales interpelan a un contexto en el que las respuestas poco sirven para desbordar panaceas que respondan, acaso, a axiomas exitistas y burdamente gratas y, que lo otorgado y logrado en esta cuarentena institucional decana, no alcanza ni para abrigar sustentabilidad a marketineros slogans ni frívolas utopías. Queda por resolver, aún, el rol de un estado en los tiempos de los pueblos. La frívola discusión política de estos tiempos digitales se reduce a que moral prodigada y aceptable abona o pertenece un candidato o un Frente. Ubicuidad cuyas posibilidades definirán los tristes tiempos que desandamos. cuarenta años de democracia que nos enfrenta a dilemas que creímos verdaderamente superado: baucher o educación pública/Obra Pública y su financiación/Estado reducido al paso capitalista o estado benefactor. Patriótica solvencia económica o dolarización/Exportación irresponsable o Mercado Interno/Ser argentino o Colonia Imperial.
En este ballotage, no se define otra cosa que estos planteos irresueltos que el bipartidismo tradicional y antonomásico de la argentina, sepultó en su carácter resoluto hace ya 70 años.
La fresca memoria de quien es considerado el padre de esta etapa de la democracia, ex presidente que se identifica con una frase denostada y hasta vilipendiada: “Con la democracia se cura, se educa y se come”, cobra gran interés en estas horas y en estos tiempos. Sus mentores partidarios, hoy reducidos a interminables furgones de cola de cuanta coalición promete construcción de algún mínimo espacio, son los encargados de levantar su bandera recordando su fortísimo legado político, institucional e incluso, su carácter de estadista en la que nunca deja de emparentarse y, con justa memoria, su hombría de bien.
Los tiempos hacen justicia per se, por su propio peso y sabiduría: Reconquista agrupó a Radicales – Casa Radical de Reconquista – desde donde se enarboló la defensa de un legado de la mano de los históricos, hoy, retirados sexagenarios con buena memoria política y lucidez partidaria. Varios o muchos pertenecientes a la presente generación no fueron invitados o no ocuparon los espacios que sus cargos ameritan respeto en su dignidad. En verdad, sobre quienes hoy ocupan cargos instituciones, la memoria alfonsinista y su infranqueable nuncio poco les debe o les deberá agradecer.
No fue en absoluto intrigante la ausencia en el homenaje de estos 40 años de democracia y a Raúl Alfonsín la resistida figura de Federico Pezz – hijo -, quien ocupó cargos importantes en lo político gracias al apellido heredado de su padre, que hoy, solo es relacionados a vergonzosos conchabos en la que los archivos legislativo mensuales lo identifican como el mayor ñoqui de la provincia y de su propio partido.
Párrafo aparte y embriscado en discursos homenajeantes, se enfatizó desde la alocución de un histórico, reclamar mayor compromiso partidario y militante haciendo responsable a actitudes burguesas y dilatorias los últimos resultados que dejaron sin chances al radicalismo, una vez más, de quedarse con el sillón de Patricio Diez. Internas, traiciones y evidentes resistencias a la figura de Pezz, explican el fracaso electoral último.
Homenaje que descansó y, como consecuencia, en la responsabilidad de los históricos – referentes – del norte, que obliga, sin mayores dilaciones a responderse sobre el actual estado de la UCR. Paradoja que alberga la esperanza que, de esa sangre cansada pero activa, emerjan los anticuerpos centenarios destinados a recuperar un partido histórico que en el presente alberga más gestas históricas que concurrencias y desafíos ulteriores.