Una única discusión, según análisis perfilados, comprende en definir qué ciudad o región queremos y estamos dispuestos a construir. Una discusión que asoma con asumir sus riesgos, y que al final, todos la abandonan. La comodidad de expresar liviandades no toca intereses, los mismos, que se asumen en riesgos al instalar sobre una agenda política y, acaso, electoral. Los intereses individuales y marketineros, se imponen por sobre la responsabilidad de establecer prioridades, proyección y bases gobernables.
Las campañas, y van camino al agotamiento mental, se centran en negritos con poder de decidir contra la clase dominante del centro que solo ofrece anti peronismo. Un debate abarrotado de estupidez que, sin embargo, garantiza réditos electorales definitivos evitando profundizar abordajes, análisis, agenda y responsabilidades en asumir costos, riesgos y banales desprendimientos: los privilegios siguen siendo amenazados por negros pobres de barrios periféricos cuyas ínfulas resultan, para la elite céntrica, imperdonable de aceptar.
Se celebraba el “Ocampaso” sobre los escombros del complejo ARNO. Celebramos la puesta en valor de una Balsa, que nadie conoce sus alcances y beneficios, ante el silencio estremecedor de perder los ferrocarriles. Puerto Ocampo sigue siendo un debate que nadie resolvió. No solo significa muelles, grúas fluviales y acopio de granos: sobre su proyección debemos resolver temas de salud, infraestructura, desarrollo y crecimiento poblacional y lo más importante: que EDUCACION queremos sobre cuyas bases se calificará la mano de obra a utilizar en puestos de trabajos que oportunamente se demande. Demasiadas contradicciones para una sociedad que implosiona en cada año.
Plazas nuevas y embellecimiento urbano, resultan la consumación de “esperanzas políticas” de muchos. No descalifico esas obras, la belleza urbana a la larga, multiplica ingresos, no obstante, no puede esa postal satisfacer mediocres y cortoplacistas conformismos ante una Región que se apaga y, una ciudad, otrora faro de región, que se desvanece en la mediocridad, la inacción de sus instituciones y las bailantas de su vulgar clase dirigencial y política.