Cualquier opinión, en este contexto, resultará transgresora y subversiva. Calles desoladas con marquesinas que no venden a la pornografía consumista de esta época. Miedo por doquier, pánico y desorientación. Un protocolo sanitario impulsado por represores judicializando su aplicación y la enfermedad. Un 40 % de la economía informalizada y con hambre desespera en la incomprensión de quienes creen que llenando Las Comisarías de aprehendidos se instruye el cerco preventivo: El más eficaz antibiótico contra un virus que mata aplicado por autoridades que, además de su incapacidad, han mostrado su peor miserabilidad.
El protocolo sanitario obligatorio aplicado en todo el país sopesa convivir con riesgos necesarios y el tiempo que a la sociedad le lleva asimilarlo, comprenderlo y acatarlo. El aislamiento es al parecer el mejor antibiótico contra el virus que ya cobró 4 víctimas en el país. La sociedad debe comprar comida para alimentarse, debe comprar remedios para no interrumpir tratamientos. Un 40 % de la sociedad debe prescindir de sus ingresos diarios – changas – y elegir entre la cuarentena obligatoria, o comer una vez al día.
Los anuncios referidos al tema por el presidente de la nación se cumplieron a medias: La Tarjeta Alimentaria asistió la semana pasada. Se anunció su recargo para este viernes y, sin embargo, nadie pudo comprar alimentos con ella y no se sabe cuando se volverá a cargar los montos que garantizan comida a un segmento de la población que no tiene otros ingresos y que se le tiene vedado salir de sus casas. Las intendencias y comunas sufren de falta de presupuesto y niega asistencia social a quienes las piden. Entre el pánico, el incumplimiento de anuncios nacionales – Cierre de las puertas de ANSES – el ministro de seguridad dotado de un léxico equivalente al jefe de la barra brava de Chacarita instruyó a uniformados que “se meta preso a cuantos desacatados” se encuentre en las calles. ¿Resultado? Correr el riesgo de que las comisarías se agolpen en números de gente donde el foco infeccioso y mortal se convierta en el centro de contagio cuyo vector transmisor resulta más eficaz que la orden de Sain. Una orden tajante que nadie midió consecuencias y explicada en nombre del estado de derecho. El resto de la provincia espera la decisión del gobernador que para las primeras horas del lunes Saín pase a ser historia en su triste y patético paso por el ministerio de seguridad, que aún ocupa en el gabinete provincial.
En el intento y comprensión de combatir el virus con patrullas y policías que al mismo tiempo sin considerar una palpable situación socioeconómica de un 40 % que debe elegir entre el hambre y el virus, desde la provincia se apuesta a combatir el pánico con balas y represión amontonando muchedumbres de insurrectos sociales en los calabozos o pabellones de celadurías. Poco, muy poco se instruyó en la necesidad de explicar que el acatamiento del protocolo y su consecuente aislamiento no solo resulta un sesgo preventivo, sino y que por estas horas, otorga el único y más efectivo antibiótico colectivo que nos resguarda como comunidad. Es difícil e imposible creer que con represión y miedo advirtiendo que un posible paciente es un ENEMIGO se logre despertar comportamientos solidarios y humanizantes. Resulta inocultable la incapacidad de autoridades ya superadas por la coyuntura preventiva, que puedan y deban ser los elegidos para enfrentar el avance de una instancia compleja ulterior y más traumática.
Miedo, desorientación, pánico e incertidumbre se conjugan con otros miedos más miserables: El evitar pagar costos políticos SI APARECE UN CASO EN UNA LOCALIDAD. Para lo cual, se aplican métodos non santos conforme a lograr la efectividad del protocolo establecido sin medir consecuencias socioeconómicas dispuestos a pagar otro costo que condenando al ostracismo a un alto porcentaje de gente a la que se le cerró las puertas de cualquier y necesaria asistencia vital. Un fin de semana judicializado y amenazada por el protocolo SAIN.
El miedo nos ha hecho más iguales. Izquierda y derecha parecen exigir de un estado su carácter de PRESENTE y responsable frente a la crisis. Conservadores y progresista evitan sus viejas diferencias, sin dudar que muchas de ellas, no existirán en el futuro y se las llevará la crisis y el virus y para siempre. Del mismo modo que resulta inocultable que mucho de los métodos atento a la aplicación del actual protocolo fueron pensados y de manera excluyente solo en salvar el culo de las autoridades y mitigar el costo político de referentes partidarios hoy en el poder, quienes no pensaron un segundo en salvar su nombre ante que la salud de la población. El inminente peligro que nos expulsa en el miedo se conjuga, sin dudas, ante falta de idoneidad, capacidad, solidaridad y liderazgo de quienes nos gobiernan. Exterminio con el que convivimos desde décadas.