Violar los dogmas en cualquier estructura o estamento en el que se instruye el poder, cualquier fuere, resulta cruzar una línea que no tiene retorno. Las viejas estructuras de la fe – iglesia católica – esta basamentada en dogmas, preceptos, historia, tradiciones y mandamientos que no soportan ser puesto en entredicho por nadie. Ni siquiera por las centurias de los tiempos y mucho menos, por los hombres. La renuncia a su vocación religiosa del joven cura párroco que desplegaba su ministerio de fe en la localidad de Villa Ana acaba de renovar sus mandatos y preceptos divino por algo más terrenal: decidió hacer su vida con su pareja y convertirse en un hombre de familia, enamorado y comprometido con la vida mundana.
Bueno sería conocer los verdaderos motivos por el cual el celibato aplicado a los hombres y mujeres de la iglesia que se convirtieron en un dogma clerical hace casi 1000 años. Alrededor de los siglos III y IV ya existían movimientos dentro del catolicismo proponiendo que los religiosos practicasen el celibato. La Iglesia tuvo varias idas y venidas en cuanto al tema, e incluso regiones diferentes adoptaron prácticas diferentes, ya que era una época de comunicación precaria.
La preocupación con el celibato empezó a cobrar fuerza a partir del siglo XI. Papas como León IX y Gregorio VII temían por la «degradación moral» del clero. De modo que el celibato acabaría instituido en los dos concilios de Letrán – el primero, en 1123, el segundo en 1139. A partir de los cuales, quedó decretado que los clérigos no podrían casarse o relacionarse con concubinas. Sin embargo, el verdadero motivo nunca es contado con la claridad histórica siendo reemplazada por relatos que enaltecen la moral y la cercanía con Dios: A partir del siglo X la Iglesia se enriquece con el celibato, ya que no tiene que compartir los feudos con los hijos de los sacerdotes, obispos y otras autoridades clericales. En dos siglos, por reclamos de hijos de clérigos quienes reclamaban sustento económico se les debió entregar tierras y otras propiedades por razones y en carácter de HERENCIA. La iglesia conjeturó que a ese ritmo, no pasaría mucho tiempo en tardar de perder todas sus propiedades y poder.
Hablamos sobre decisiones que instruyeron las bases de la actual iglesia anclados en precarios estamentos legales que regían al mundo en esa época. Nada de esas estructuras medievales existen hoy; los estados cobraron a lo largo del tiempo complejidad en sus intrincadas estructuras jurídicas sumado a que la iglesia hoy no rige los destinos de ningún pueblo o nación. Aunque sostiene un relativo poder en el mundo, lo expresa solo como una guía espiritual de su pueblo en el mundo, especialmente oxidental.
Por lo inexpugnable de sus dogmas y apego a tradiciones que ya no existen, la iglesia está obligada a reformular muchos de sus basamentos. El celibato, uno de ellos, con que obliga a vivir a su jerarquía le acarreo serios problemas para insertarse en un mundo cambiante, terrenal, dinámico en el que los preceptos morales del medioevo fueron sepultados por la memoria hace más de 1000 años. Está obligada a revisar varias de sus creencias en las que se atrinchera y pervive quedando al margen de soluciones en extremo ortodoxas e inclementes y al mismo tiempo anacrónicas para los tiempos. Su insolvente heterodoxia la ha dejado al margen de cualquier interés.
El cura párroco que brindaba sus oficios en la parroquia Sagrado Corazón de Jesús en Villa Ana lejos de enfrentar conmociones sociales y escándalos del orden moral, es una decisión que interpela y, cada vez con más énfasis, a mil años de PASADO – no de historia -, que ante las recurrentes decisiones de varios clérigos que eligieron sustituir su vocación clerical a cambio de responder a paciones terrenales y mundanas proponen con lo que la iglesia supone “debilidad” una iglesia más terrenal, más cerca de lo que pretende representar.
Es incoherente escuchar en homilías y sermones deducir reflexiones en nombre de un Dios superior en boca de quienes no pueden respaldarlas con sus hechos y muchos menos en primera persona: el amor y la familia son los pilares defendido por una iglesia a cuyos jerarcas se les tiene vedado lo uno y lo otro.