Las Básicas Abiertas Fomentando Conciencia Partidaria, Relaciones Humanas, Equipos Políticos Y Conocimiento

…por Huber Cracogna

Las Básicas Abiertas Fomentando Conciencia Partidaria, Relaciones Humanas, Equipos Políticos Y ConocimientoCerrar las unidades básicas, comités, cedes partidarias, agiganta la postulación, proliferación y fortalecimiento de mesías y tiranos partidarios, más que ninguna otra cosa. Buenas gestiones y resultados positivos consagran la idolatría de lideres, sin embargo, mantener las sedes partidarias cerradas desmembra la conciencia social, el intercambio, anula la capacidad de debates, argumentación y mina toda relación con el conocimiento y, particularmente, aventa al desvanecimiento de foros preparatorios de equipos complementario, incluso, competitivos. Resultados positivos de buenas gestiones, sin desarrollo críticos en sus Bases, solo obligan a aplaudir concreciones aleatorias, incluso, sin sustentos en el tiempo ni eventual trascendencia.

Sin debates programados, organicidad partidaria, armados de cuadros políticos, ideológicos y territoriales se crea una tribuna ocupada por fanáticos. El brillo de cualquier estrella los obnubila sin que nadie, sin excepción, se pregunte si esa luz que reciben como guía salvadora y estelar, puede ser solo el fulgor de una estrella que se apagó hace ya mucho tiempo. Se pierden las referencias, las instancias o estadíos y su ánimo solo se reduce a ganar campañas, anular o neutralizar lo que se considere enemigo o inmundicia.

No es casual que los partidos tradiciones en la argentina, habiendo sido cooptados por fuleras circunstancias y urgencias electorales, sostiene una dirigencia cuyos nombres representan más a una carrera en el espectro político partidario, que mentores y defensores de ideas, idearios o innovaciones. La experiencia, si es que eso existe, tiene valor de relieve por encima del corpus del conocimiento y estructuras nacidas del espíritu crítico y agudeza analítica.

Aunque no lo crea, hoy no se experimenta ni siquiera con la experiencia, sino, con nuevas caras llenas de buenas intenciones cuyas concreciones y metodologías superan los límites del delirio y la estupidez. El poder y su ejecución, autoridad, hegemonía, opresores y sometidos, responde a la condición humana en su estado más febril. No existe modo de reemplazarlo. Lo que ha cambiado son las formas de resolverlo – problemas o reclamos – sumado a herramientas tecnológicas, sin embargo, la pirámide de un poder dispuesto a ejercerlo, sigue tan vigente e igual y como se lo hacía hace tres milenios previos antecediendo a la creación misma de la era cristiana.

Elemento este que se desconoce de manera proverbial. Muchos no lo saben, algunos lo ignoran, no obstante, las mayorías ni siquiera lo sospechan. La conformación de nuevos poderes, hoy, resulte de una incauta improvisación junto al delirio – aunque entidades diferentes – desconociendo lo previo, adoptarán un carácter con pretensiones innovadoras. Los resultados serán patéticos, aunque toda la provincia los aplauda y lo vitoree con coros rentados o, espontáneos.

Los partidos tradicionales a instancia de sus mentores y lideres resolvieron utilizar el sello de cada uno de sus partidos solo como una herramienta electoral. Su funcionalidad se reduce a recibir candidatos del sur, cualquiera fuere, en donde los rentados dirigentes, al mejor copi/pegue, repetirán el mensaje del líder o candidato. Experiencias tales como abrir debates en cuyas circunstancias aprenderán a mirarse a los ojos debatiendo la problemática de sus barrios, pobreza, salud, educación, siempre quedará para otra mejor ocasión. O hasta que el nuevo candidato de Santa Fe o Rosario, vuelva a reunirlos en clima de triunfalismo de ocasión o nostálgica euforia al que se le llamará “clima de campaña”. En su defecto, mística partidaria.

Al tiempo que esta barbarie política se consuma bajo el amparo de éxitos o fracasos electorales solo queda una sola cosa que resuelve tanta estupidez programada: la fatalidad inevitable.

Ir a buscar a un vecino de renombre a participar en política con el cargo puesto y el sequito de estúpidos que lo acompañarán en su nuevo emprendimiento familiar.