A Un Año De Su Muerte. Más Allá De Todas Las Murallas

por Huber Cracogna

Pesó sobre su espalda la consigna de ser Maradona. Ese ser despreciable que encantaba masas mundiales y embobaba aún a los más lucidos. Sus pares en la cancha elegían, antes que evitar su magia diabólica, pedirle un autógrafo. El astro obnubilaba y encandilaba con su mítica irradiación. Fue imposible tapar su incandescente luz. Millones decidieron aplaudirlo hasta destrozar sus manos glorificando todo lo que hacía, aun, fueras de las canchas. Iluminó oscuridades y por el contrario, como el sol de Zaratustra, no le importó a quienes iluminaba. No los necesitaba.

Maradona fue elegido y bendecido por algo que nadie en este mundo podrá explicar jamás. Su nombre fue coreado en cuantos idiomas tiene la humanidad para expresarse y comunicarse. De su zurda logro que el futbol se conociera hasta en aldeas indues y en tribus del sur del áfrica. Atravesó todas las murallas imaginables y su nombre cobró más popularidad que todos los líderes mundiales juntos en la historia reconocida y registrada. Su figura fue venerada y su ser fue vestido de santo en la intimidad de familias de Nápoli, donde desplegó toda su gran estirpe de héroe mítico. Su vida y excesos nunca estuvieron al servicio de los poderosos del mundo. Cada paso de su vida personal y deportiva estuvo signado ante el desafío de lograr un equilibrio entre los impunes poderos del mundo y sus tristes e inhumanas consecuencias.

Pago por su atrevimiento y sus insultos al stabliments. Maradona, al igual que EVA, los insultaba con su presencia, con su figura raída de villeros atrevido e inconsciente que no media consecuencias. Decidió compartir su gloria y honor con líderes del mundo como Fidel Castro, Lula Da Silva, Rafael Correa, Néstor Kirchner honrando la memoria de quien más admiró y veneró en su vida: El Che Guevara.

En su épico paso por su corta y gloriosa vida despreció embanderarse con miserables mortales de este mundo que aconsejaban, justamente, lo contrario. Insultó a la hipocresía de la iglesia, al poderío de los países más ricos del mundo y decidió estar al lado de quienes defendían causas de desposeídos, malolientes y desdentados. Tanto prestigio y honor para terminar ahí, en lodos despreciables que el mundo corporativo y poderoso no solo desecha, sino, que esconde y mutila sin más.

Maradona resignificó la destreza de jugar al futbol, restituyó la dignidad de los pobres y desafío al mayor dominio de la época: la miserabilidad de los poderosos.

Hace un año informaron que Diego Armando Maradona… murió…

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