Avellaneda. La Violencia De Los Ricos Y El Gatillo De Los Pobres

Maximiano Oliva. Asesinado

Por Huber Cracogna

El modelo social y político de Avellaneda acaba de arrojar otro joven muerto a manos de una violencia singular gestada y explicada en la exclusión social y nefasta negación. El presupuesto político y financiero del ente municipal está solo destinado a responder demandas que se exigen en los eternos privilegios que albergan sus clases altas y céntricas. La periferia y marginalidad social se alienta en su propia desgracia naturalizando canibalismo y violencia. El mejor terminado de la exclusión política muestra su rostro criminal, vehemente y acaso, su sed de justicia descerrajando su impotencia violenta.

Por sobre la crónica policíaca y accionar judicial trabajando sobre un hecho consumado cuya consecuencia cobro otra vida del peor modo, se naturaliza en el silencio de una dirigencia que no se atreve a analizar contextos ni causales. La palabra se sede a sectores políticos opositores. El ente municipal y sus políticas, son claramente, parte un progresivo problema y desgracias que parece no tener fin ni solución. La mayoría de los medios periodísticos de la región explicarán el hecho valiéndose de la vieja regla de probada eficacia: la teoría medieval de DETERMINISMO en el que nada se puede hace y no existe responsables, salvo los actores marginales de la desgracia. Eficaz modo de cerrar las persianas de cualquier debate posible y necesario. Todo lo demás se naturalizará en un presente en el que el tiempo y el olvido pondrán las cosas donde no molesten ni demanden.

La periferia y marginalidad que presenta la ciudad de Avellaneda jamás tuvo la atención siendo beneficiada con políticas activas tales como las impulsadas concretando cortes rutas para salvar a Vicentín transmitidos en vivo por canales nacionales. Su salud pública jamás fue defendida con el énfasis con que se protege los intereses de la salud privada y su educación primaria y media sigue siendo su clara referencia institucional al que le llaman ESTADO. Una extraña y singular paradoja cuya meritocracia es financiada por el ente púbico que solidariamente sostienen todos sin excepción.

La muerte violenta de un integrante de la periferia, aunque joven pero negrito, justifica contextos de naturalización; no suele, por definición, tener otro valor que aquel que el escándalo proporcionado que enfoca la mirada policiaca sumado al ulterior desprecio social. Un vandalismo periférico que cobra muertos jamás emparentado consecuentemente con los vomitivos privilegios y codicia de los sectores de poder acompasado en el silencio cómplice e irresponsable de las mayorías, obligará a que las demandas de la miseria y la marginalidad sigan interrogando sin voz a la opulencia y sus dispensas.