A 47 años del asesinato del Padre Mujica es imprescindible recordar que lo mataron por luchar contra los nuevos mercaderes del templo, contra los nuevos crucificadores, no por discutir por la inmotalidad del alma ni tampoco por la propiedad del cuerpo y el alma de las mujeres o los hombres.
Sería interesantes que los arzobispos y obispos de la provincia piensen en ese hecho y también que reflexionen que los templos están en cualquier lugar y no solamente en los edificios consagrados como bien decía el extraordinario fundador de la Juventud Obrera Católica, el notable filósofo y sacerdote Theilard de Chardin.