…por Huber Cracogna
Es imposible identificar un feudo sin que esté atravesado por su corrupción institucional, política y social. Es inherente e intrínseca. Nuestra democracia y representatividad está seriamente comprometida por los límites que imponen históricos privilegios que, en términos sociales y políticos, son explicados y auspiciados por supersticiones medievales. Basta con escuchar media hora algún programa de radio o periodístico. El sentido común hace el resto y la chatura de los debates no incomoda ni amenazan el confort del más encumbrado burgués norteño. Los derechos de gran parte de la sociedad siguen pisoteados como Dios manda y los privilegios garantizan su estricta y más férreo accionar e imposición. Las 4×4 justifican las imposiciones.
Controversias y estafas como la de Vicentín; Salud pública y los capítulos de la Gremial Medica; Educacion y pueblos donde no existe una escuela pública; debate para establecer y declarar Parque Nacional a los humedales de Jaaukanigás; administración de JUSTICIA y los escándalos vergonzosos que los atraviesan solo por defender intereses de protegidos del poder político, son muestras neurálgicas en la que las persianas de los debates fueron literalmente bajadas y acabadas. Así lo dispuso la gerencia política respondiendo, como alcahuete, a las pretensiones siempre satisfechas de poder factico y económico. Los discursos justifican los trajes.
Sumemos los escándalos per se, al tiempo que alfiles inertes del mismo poder público, no pudieron justificar ni explicar cobrar haberes mensuales que ascienden a $ 1.900.000 en su carácter de asesor, tal y como fue denunciado el ex legislador Federico Gustavo Pezz. Correveidiles y falsos influyentes tales como periodistas reconquistenses que, con programa cuyo rating no superan el 2 % de audiencia auspiciados por tres publicidades, pretenden justificar de un modo infantil su estabilidad económica y nivel de vida. Otros alfiles mediáticos que, aunque mediocres y falto de argumentación sólida y fundamentada, se arrogan y ejercen su privilegio de asesorar y dirigir. Pertenecer te hace acreedor de algunos privilegios.
Nombres y cabezas referentes de lo que podríamos identificar como poder político en este norte provincial se despeja en la figura del actual Senador Provincial, Don Orfilio Eliseo “Chacho” Marcón, quien intentará refrendar 16 años sentado en una banca senatorial cuyo poder nunca fue molestado ni ofendido por los reclamos sociales y cotidiano de emergentes que albergan barrios de Reconquista y Avellaneda sojuzgado por la extrema pobreza y miseria. Un poder senatorial que jamás sospecho reconocer un mínimo derecho de y a nadie. Los privilegios de amigos, incluyendo entenados, y auspiciantes de sendas campaña electorales sigue y seguirán intactos. Un poder que supo establecer desde una fina ingeniería un verdadero feudo atravesado por franquicias palaciegas ¿Cómo explicamos los tres siglos que nos separa de aquella y lejana revolución francesa?
Transitamos el 2023, año electoral y reclamante desde donde las demandas sociales aún siguen siendo mal vistas e incómodamente fatales. Las infranqueables paredes de los FEUDOS – corrupto – suelen ser mucho más débiles de lo pensado, e incluso, sospechado. Suelen no resistirse en su defensa propia frente a lo que se identifica como Espíritu Crítico Y La Orfandad De Miedo Al Poder.