En una aplastante decisión se dejó atrás lo que para muchos amenazaba con un papelón del que iba a hablar el país. No existe en la argentina ni en el mundo una municipalidad que llevara nombre propio. Se respeta el nombre del pueblo porque es la Casa Del Pueblo. Se salva con esto, la perplejidad que podría de haberse instaurado radicando en rigor una proscripción partidaria encubierta pisoteando el respeto por la participación de otros foros partidarios e ideológicos. Convivencia democrática amenazada.
En una mezcla de todo vale y analfabetismo político, hace semanas en el recinto deliberativo de la ciudad tosquense se venía discutiendo un proyecto tan particular como absurdo: poner el nombre de Federico Aldo Pezz al palacio municipal.
Solo sabíamos que eso es imposible. Costó argumentar sobre el particular, dado que se trata de ya no de un proyecto innovador, sino, absurdo. A poco de andar y recorrer nos encontramos con la ausencia absoluta de proyectos parecidos en todo el país y la escasa o nulos antecedente sobre el particular en cualquier democracia del occidente: la casa imaginada y aceptada por todos tras convenciones sociales y contrato social imperante es de todos y no puede ni debe llevar nombre propio. De 5 concejales presente este martes, 4 votaron en contra y solitario quedo defendido solo por su autor.
Los argumentos utilizados por quienes mandaron al singular proyecto al archivo son comunes y congruentes con posturas que, no por repetitivas, abandonaron su eficacia y sensatez.