Jugar, el secreto de los robots para parecerse a sus creadores

Son futbolistas, maestros de ajedrez, gamers habilidosos y se animan a las disciplinas más populares entre los humanos. ¿Por qué las actividades lúdicas son fundamentales para la evolución de los autómatas?

Los investigadores saben que, igual que el humano, las máquinas logran aprender a través del juego .

Un jugador busca refugio para no ser descubierto por sus rivales, que luego de contar hasta diez salen de cacería. Esa actividad es igual a las escondidas aunque, en este caso, con una diferencia: los que juegan no son humanos sino entidades inertes y despojadas de sentimientos. Es decir, máquinas.

Nos enteramos de ese experimento hace algunas semanas cuando científicos de la organización OpenAI divulgaron un sistema de inteligencia artificial diseñado para el juego del escondite, el mismo que conocimos en la escuela, pero que no se disputa en algún patio sino en un escenario virtual. Lo hicieron con el objetivo de analizar la capacidad de esas tecnologías para imitar a los seres humanos.

“Encontramos comportamientos sorprendentes (…) y evidencias para afirmar que las estrategias y habilidades relevantes para las personas pueden surgir del uso de algoritmos”, señalaron los investigadores. Además, uno de ellos vaticinó que “esta tecnología quizá pueda resolver problemas que los humanos aún no conocemos”.

Tal como dijo el dramaturgo alemán Friedrich Schiller, “el humano es solamente humano cuando juega”. En vista de eso, el campo de la robótica comprendió que el juego es una de las claves para que los sistemas automatizados emulen nuestras capacidades… y algún día las superen. ¿O acaso no lo han hecho ya?

Máquinas vs. Humanos, un juego desparejo
Elon Musk, que en ocasiones lanza en las redes sociales opiniones un tanto alocadas pero que sigue siendo voz de referencia cuando se habla sobre el futuro y la tecnología, hace poco dijo que el progreso de la inteligencia artificial hará que los humanos parezcamos simios. La ventaja que estima el CEO de Tesla ya se manifiesta en el terreno lúdico. En especial cuando se trata de juegos intelectuales.

Ese movimiento no es precisamente nuevo. Hace más de 20 años, en 1996, la supercomputadora Deep Blue fue la primera de su especie en ganarle una partida al campeón mundial de ajedrez vigente, que por entonces era Gary Kaspárov. Igual que otros de su linaje, ese sistema no era creativo aunque sí inagotable y persistente. En la versión desarrollada en 1997 Deep Blue podía calcular 200 millones de posiciones en el tablero por segundo. Por su parte, el mencionado sistema ideado para las escondidas se entrenó en un lapso brevísimo con 500 millones de rondas. Así aprendió.

Desde entonces fuimos testigos de softwares que derrotan a gamers profesionales, brazos robóticos que juegan al Jenga o resuelven con inédita rapidez el cubo mágico, y autómatas que se animan a los desafíos virales (100% lúdicos) que cada tanto circulan en las redes. ¿Por qué el juego es cardinal en la avanzada de los robots?

El juego, definición de lo humano y llave para la robótica
¿Desde cuándo jugamos? Si bien podríamos arriesgar que el primer ser humano destinó parte de sus días a actividades lúdicas aunque más no sea al patear una piedrita o adivinar figuras en las nubes, una tesis académica encontró pruebas de juegos complejos que superan los 4.000 años de antigüedad. Investigadores de la Universidad de Gothenburg, en Suecia, hallaron evidencia de un jardín para juegos en una región que hoy pertenece a Pakistán con espacio para grandes fichas e incluso dados.

“Lo lúdico es un instrumento que podemos usar para interpretar cómo son las personas”, dijo uno de los científicos involucrados en ese hallazgo. Una declaración que coincide con un axioma que se repite en el campo de la robótica.

Por ejemplo, cuando Nima Fazeli, que creó que robot que juega al Jenga, nos comentó que en aquel entretenimiento “hay habilidades comunes a muchas tareas de manipulación humana”, y que por eso se interesaron en crear un brazo mecánico capaz de mover esa fichas de madera. Es decir, no por el mero hecho de presumir que desarrollaron una extremidad de metal que juega mejor que como lo hacía Gerardo Sofovich en su programa de televisión, sino para descubrir en este entretenimiento formas reflexivas y estratégicas propias de las personas.

En todos los casos (o en casi todos, para no errar con la generalización) el aprendizaje lúdico es un puente que los robots transitan para lograr ser hábiles en otras acciones humanas. Ese paso lo vimos este año, cuando un sistema de IA venció a jugadores profesionales de póker. El hito fue que lo logró en mesas con varios participantes; en disputas mano a mano, ya lo hacía con facilidad.

Los propios investigadores señalaron que los avances que consiguieron con este juego podrán aplicarse en otras áreas. En concreto, la idea es que las máquinas resuelvan situaciones complejas, en las que participan muchas personas. Por ejemplo, ofrecer soluciones en tiempo real en medio de una calle muy transitada, o brindar respuestas financieras.

En todo caso, la tecnología ya es buena para pensar lúdica y estratégicamente, aunque todavía no es muy buena poniendo el cuerpo. Dicho de otro modo, la robótica ya demuestra destreza para juegos intelectuales, pero no en los físicos.

A medida que ese ámbito de la ciencia avanza a pasos agigantados, ¿llegará, por caso, el día en que los autómatas superen las habilidades de los futbolistas humanos? Por el momento, Messi y compañía respiran aliviados al ver videos como este, que muestran que los robots todavía tienen mucho para aprender para ser iguales o mejores que sus creadores.

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