La Ironía Del Burro Y La Estupidez Representativa

…por Huber Cracogna

El concejo deliberante de Villa Ocampo se llenó de pibes bien. Sus trajes exhiben además de impericia y juegos cortesano burlando de un modo provocativo a una suerte de guillotina revolucionaria en manos de sectores populares destinada a terminar con los obscenos privilegios del poder. No parece que su poca representatividad y serios reproches de gran parte de amplios sectores los interpele debiendo responder con inteligencia política y honestidad instuticional, cuando no sencilla, genuina y funcional representatividad.

Transcurrieron 40 años de democracia y los poderes del estado respondieron desde su elemental funcionalidad. Cuesta explicar, de estos tres poderes, cual es el rol del concejo deliberante de Villa Ocampo: nunca dejó de ser un apéndice administrativo del ente municipal y lo que es peor, presumiendo falsos equilibrio, siguen otorgando privilegios a entidades poderosas del medio y fácil acceso a franquicias de estamentos acomodados de la sociedad. Ninguno derecho reclamado desde el pueblo o sectores minoritarios obtuvieron un mínimo desahogo ante reclamos o solicitudes. Fueron, son y serán el tándem institucional de reproches sopesando fastidiosas cargas en las espaldas de la sociedad protegiendo privilegios del status quo, patrocinados y fundamentados. Un concejo deliberante cuyos trajes cuestan caro a sectores populares que aliviana ligeramente la carga a sectores excusados. Hoy agregan una botella de champagne tomando la precaución de evitar mostrar su marca y precio.

Una foto que imprimió un momento que, aunque pretenda transmitir cordialidad y convivencia, mucho se asoma a la tilingada de revista Gente de los años 70 mostrando una farándula despojada de responsabilidad social y seriedad política. Ninguno de sus componentes – concejales – parecen tomar conciencia del excepcional y doloroso momento económico que carga de incertidumbre a gran parte de nuestra sociedad que, en fiestas tradicionales adjudicadas al hemisferio occidental cristiano, mucho y por primera vez, habrán vivido su peor y más triste experiencia familiar atravesados por la dolorosa irresolución al preguntarse si mañana o la semana que viene podrán acceder a alimentos para satisfacer necesidades básicas y elementales.

El concejo deliberante se llenó de pibes bien. Sus juveniles perspectivas que poco anclan en comprender la representatividad reflejada ante el mal momento de todos, convirtieron una foto de saludos festivos en una desafortunada provocación trivial y farandulesca.

Es difícil revelar una sonrisa fotográfica que explique el placer que provoca echar sal sobre heridas abierta, precisamente, gestadas desde la propia genealogía política y foros de poderes superiores.

La vejez nunca fue sinónimo de sabiduría. La juventud tampoco de sensatez.