Por Huber Cracogna
La frase que puesta en labios de una madre del interior que fuera a forjar su propio destino, desde el interior, a Buenos Aires cuyo asenso a instancia de un proyecto político que revolucionó las bases más aristocrática y patricias de la Argentina se puede resumir en esta simple frase: Mi Hijo, El Doctor. Proletario de padres cuasi analfabeto que de la mano de la universidad pública, gratuita y de calidad se fragua un título académico que ilustra con orgullo provinciano la puerta de su casa paterna. Previo a tales acontecimientos, de la mano del radicalismo se concretó en la provincia de Córdoba la Reforma Universitaria en 1918. De la mano del PERONISMO, décadas después, las universidades fueron públicas y gratuitas. De esta noble decisión nacida en el seno doctrinario de un partido, en aquellos años en cierne, el hijo de un pobre y trabajador concretaba no solo un sueño imposible, sino, el fin de martirios y desigualdades de generaciones en la Argentina.
Los partidos políticos tienen antecedentes ideológicos en preceptos anarquistas formateados por dirigentes europeos que desembarcaron en este país con las grandes masas migratorias, especialmente, italianas, francesas y españolas. Nunca lograron establecerse como organización y mucho menos como estructuras políticas organizadas. El primer sindicato formado en el país y bajo su influencia fue el de los panaderos que ante sus expresiones beligerantes crearon especialidades de productos panaderos como El Cañón, Bola de Fraile, etc. demostrando su ingeniosa forma de ironía social. Finales del siglo XIX un movimiento que luego fue reconocido como UCR comenzó a dar sus primeros pasos y gestó lo que hoy se conoce como Reforma Universitaria, suceso que desencadenó reformas ulteriores en toda Latinoamérica.
La Reforma Universitaria de 1918, Reforma Universitaria de Córdoba, Reforma Universitaria de Argentina, Grito de Córdoba, o simplemente Reforma Universitaria, fue un movimiento de proyección juvenil para democratizar la universidad y otorgarle un carácter científico, que se inició con una rebelión estudiantil en la Universidad Nacional de Córdoba de Argentina que se extendió entre marzo y octubre de 1918, durante el cual se produjeron violentos enfrentamientos entre reformistas y católicos. Su fecha simbólica es el 15 de junio de 1918, momento en el cual los estudiantes irrumpieron en la Universidad para impedir que se consumara la elección del rector que sostendría la situación tal como estaba hasta entonces y declararon una segunda huelga general. Tuvo su pico culminante el 9 de septiembre cuando la Federación Universitaria de Córdoba asumió la dirección de la Universidad y el Gobierno ordenó al Ejército reprimir la ocupación. Durante el curso del conflicto y a pedido de los estudiantes, el presidente Hipólito Yrigoyen intervino dos veces la Universidad para que se reformaran los estatutos y se realizaran nuevas elecciones de sus autoridades. La revuelta estudiantil cordobesa tuvo su expresión en el célebre Manifiesto liminar de la Federación Universitaria de Córdoba, redactado por Deodoro Roca y titulado «La Juventud argentina de Córdoba a los Hombres Libres de Sudamérica»…
Sin embargo, tal revolución no se ajustaba a ceñirse a instancias conforme a responder a enormes demandas que la juventud de aquel momento reclamaba para sí. El saber y el acceso a las universidades le estaba vedado a los hijos de trabajadores y pobres. Este 22 de noviembre venidero se cumplirán 71 años de aquella decisión que cambio la historia para siempre. El presidente Perón – 22 de noviembre de 1949 – a través del Decreto 29.337 suprimía todos los aranceles universitarios convirtiéndola en Pública y Gratuita. Esa decisión política impuesta por Juan Domingo Perón universalizó posibilidades, obtuvo una gran calidad y arrojó, con el tiempo, 5 premios Nobeles.
Decenas de miles de jóvenes, hijos de obreros y desocupados poblaron sus aulas y el saber y nociones académicas estuvieron al alcance de cualquier mortal y pretensión. El presidente mandato cumplido expresaba su orgullo de saber que de la mano de esa decisión política el hijo de un simple obrero y mal pago, podría ver a su hijo ilustrado en el saber. También se supo que el ascenso social pregonado y la manera más eficaz de combatir la pobreza se ajustaba a las mismas posibilidades e igualdades de codearse con el saber y el conocimiento.
Tal vez esa expresión con que se tituló un gran libro escrito en la Argentina alimento egos de cuasis analfabetos y el orgullo provinciano que premiaba con algo más que el simple esfuerzo realizado en sus vidas: universidades de puertas abiertas. Una expresión provinciana y de remoquetes despojado de cualquier noción dejó al desnudo un épico hallazgo y formidable acto de rebeldía clasista que cambio la historia de este país para siempre.
Vaya nuestro más humilde saludo a médicos en su día, que de la mano de la universidad pública y gratuita hoy no solo salvan vida, sino, haber encontrado su lugar en el mundo desde su más febril y humana vocación.