Risas, gritos, charlas y “jueguitos”: un Gallardo recargado en la práctica a puertas abiertas de River

Cerca de sus hinchas, fue la contracara de lo que vivió el fin de semana cuando no pudo pasar ni cerca de La Bombonera; el Muñeco abrió el portón para mostrar el entrenamiento y habló en conferencia al mediodía

El aviso decía que a las 10 horas se podía entrar a Ezeiza. Pero a los tempraneros los sorprendió que se pudo ingresar un rato antes, cuando los jugadores habían terminado la entrada en calor y cuando el Muñeco enfilaba hacia la cancha tres con varias pelotas y pecheras.

Durante la práctica Gallardo iba a mostrar todo su repertorio; risas, gritos, indicaciones, aliento, corrección de los riegos, charlas personales y grupales, jueguitos con la pelota y al final una charla llena de matices.

Con su remera violeta y con pantalones largos a pesar del calor, Gallardo agarró al primer grupo entre los que estaban, Pity, Ezequiel Palacios, Juanfer Quintero, Jorge Moreira, Lucas Pratto y los arqueros entre otros. Después los dividió en dos grupos, adentro de un cuadrante de 80 metros cuadrados en la mitad de la cancha. Dos toques, rotación, presión y búsqueda de sectores para encontrar superioridad numérica y llegar con espacios al final de ese cuadrado.

“Movilidad y pases laterales” gritaba el Muñeco para que los equipos no se queden quietos. Gallardo sabe que en la zona media se va a resolver el partido y que la superioridad de jugadores en esos sectores es lo que libera espacios al llegar a la zona defensiva rival.

Eso pasó en los 25 minutos iniciales en la Bombonera y eso mismo pretende que suceda en la revancha. Por eso los gritos de “presión, presión“, a los que debían recuperar la pelota, y de, “movete, salí, entrá”, para los que debían cuidarla.

La intensidad de los trabajos la daba el tiempo constante de la pelota en juego y los espacios reducidos por donde debían avanzar. Aprobaciones y aplausos para los que lograban encontrar esos huecos libres y alertas para los que perdían. De todos modos, las pocas veces que paró el ejercicio, fue para mostrar que luego del pase había que acelerar en busca de una zona para ofrecerle opciones a los compañeros.

Las cámaras arriba de un pequeño palquito de madera tomaban todo y como es costumbre jamás el Muñeco se tapó la boca para hablar a pesar que sabía que lo siguieron más que a los propios jugadores. Incluso se dio tiempo entre grupo y grupo que pasaba para corregir el chorro de agua de uno de los riegos que nunca dejaban que la canche se seque. Una de esas correcciones acabó siendo como un “manguerazo” de agua sobre la espalda de Moreira.

Entre el buen humor y la absoluta concentración, Gallardo, los tuvo casi 90 minutos al trote. Mientras un grupo estaba bajo su mirada, el padecía rutinas físicas de los profe. En esa rotación de trabajos se consumió la mañana, con buenos gestos ante la intensidad que le metió Ponzio ya recuperado del desgarro y con Scocco corriendo en el campo un rato y esperando que le llegue el turno a su alta médica.

Tras el “fragor de esa lucha”, Gallardo, descansó un rato, charló con su gente, conversó con algunos jugadores que iban pasando por el salón y el gimnasio y antes del almuerzo encaró hacia la sala de conferencias. Allí no dejó a nadie sin preguntar y se explayó en las respuestas por momentos con más intensidad que otras veces.

De a ratos bromeando por el tema del equipo que nunca confirma y despista a todos, en otras respuestas reflejando la angustia de haber vivido un partido de su equipos mirando una tv, a veces enojado por el “chiquitaje y la mediocridad” en las especulaciones de su salida al balcón, con un celular que sonaba e ironizó con una multa como en las concentraciones y siempre repitiendo que es una final histórica pero que no deja de ser un partido de fútbol.

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