Una Situación Espantosa Que Promete Agravarse

…por Huber Cracogna

Ezequiel Francisco Curaba sobrino de Carmen Mabel Encina

Contra pronósticos y discursos tribuneros y falaces el mundo, su circunstancias y crueldad, se muestra inevitable y dinámicamente inhumanos. Ezequiel Francisco Curaba – 21 – era un joven que vivía en la ciudad de Rosario, cartonero que intentaba ganarse el pan con su precario trabajo. Su desesperación y hambre lo llevo a intentar robar cables en un tendido de red de media tensión pagando su desesperante osadía con su propia vida. Ezequiel Francisco Curaba pertenece a una familia de Villa Ocampo cuyo apellido cobro significativa importancia por otra desgracia: El caso Carmen Encina, asesinada y descuartizada cuyos autores están libres. Poder político y justicia corrupta sellaron una impunidad ante un caso históricamente monstruoso.

Los dados con que se define la suerte, verdad y desgracia de los últimos eslabones sociales y ante políticas cuya aplicación vuelven, aunque en nombre de lo nuevo, que además albergan banales esperanzas en un mundo mesiánico, tienen, tal como se espera, también la odiosa condena de vastos sectores sociales que, a instancia de redes sociales, alegre y casi como desprendida de posesiones demoníacas, festejan la muerte.

Ezequiel Francisco Curaba luego de su predestinada desgracia, suerte y cepo determinista fue condenado en redes sociales al grito de “un choro menos. Un peronista menos que alimentar”. Curaba líquidó su triste destino pagando con su vida, paradójicamente, luchando para lograr un plato de comida destinado a sobrevivir un día más en su vida pletórica de carencias. Quienes celebraron su desgracia es difícil ubicarlo en un plano al considerarlos cristianos: las redes sociales de Villa Ocampo no perdieron su gran oportunidad de mostrar su inexplicable crueldad y deshumanización. Iglesias y templos que, en nombre de un dios, agrupa en diarias celebraciones a gente que se cree elegida y bendecida ¿…?

Ante este hecho testigo que cobro interés en medios nacionales y despertó gestos de compulsiva deshumanización y perversidad gratuita en bastos sectores de privilegios, cuando no ESTUPIDOS, pisotea con dudosa resiliencia las promesa de Pullaro al tiempo que expreso que en Santa Fe “nadie deberá soportar hambre”. La desesperación y el hambre se cobro una victima y precisamente, la más vulnerable cuyo sistema solo la convierte con el tiempo en estadística y morboso escándalo por algunas horas.

Ezequiel Francisco Curaba era hijo de una familia de Vila Ocampo. Su familia emigra al sur en busca de mejores horizontes para terminar siendo devorado por las mismas desigualdades, violentado por los mismos privilegios, condenados por los mismos absurdos y perversión.